Imágenes al azar.

viernes, 25 de abril de 2014

Lo que tu dulzura esconde...


Desde el instante en que te vi una sonrisa afloró a mi rostro y detrás de ella la promesa de muchas más. Tú, con tu madurez e inteligencia separabas tus pequeños labios rosados para derramar tu candidez infantil en cada gesto, y Yo con mis grandes y firmes manos me deleitaba en tirar de tus coletas para llamar tu atención cuando mirabas a la nada, cuando tus frases se quedaban en el aire con esos ojos grandes y curiosos enmarcados por pestañas infinitas puestos en el horizonte.

Nuestra relación no puede describirse de ninguna forma comprensible para muchos, no creo que muchos hayan sentido ese deseo protector de esconderte en su pecho cada vez que te abrazaban, quizás no supieron disfrutar de la nenita caprichosa que daba toquecitos incómodos buscando atención y cuidados, o quizás es que no tuvieron la suficiente mano firme para enrojecer tus nalgas cuando te volvías insoportable por una simple caricia que escondía el tímido deseo de un contacto más intenso...

Yo que te he vestido y te he desnudado de tus ropas en tonos rosas y blancos, de pijamas y accesorios de lolita que causaban miradas de extrañeza, que he pervertido tu inocencia y he sacado a la niña puta y complaciente que por una piruleta saciaba con su lengua las partes más intimas de mi cuerpo, yo me considero afortunado.

Afortunado de malcriarte con dulces y caricias, de castigarte de cara a la pared y azotarte hasta que tu labio temblaba, tu mirada se tornaba húmeda sollozante, y de mimarte luego y recompensarte en cada logro, de sonreír de forma casi constante por tus ocurrencias y tu felicidad perfecta y sincera, que quizás para otros era nimia y tonta, pero para mi un autentico tesoro. 

Afortunado de cada papi que brotaba de tus pequeños y rosados labios y de esos pequeños besos antes de quedar dormida abrazada sobre mi pecho. 

Cada cosa en su momento... cada cosa en su lugar



Me declaro un fanático del orden... aunque dentro del caos que a veces me atrapa pueda encontrarlo igualmente, nada me parece más importante que un "juguetero" correctamente ordenado y clasificado. Nunca se sabe cuando vas a necesitar el instrumento adecuado, cuando vas a sentir la necesidad o el deseo de utilizar este o aquel juguete, si la niña va a portarse mal y vas a amordazarla... o ya de por si la simple necesidad de evitar esas pausas que destrozan la líbido cuando necesitas echar mano a los preservativos. Por todos estos motivos y más considero fundamental y recomendable un cajón amplio y clasificado casi alfabéticamente de forma obsesiva. He dicho!

domingo, 20 de abril de 2014

Daddys and their baby girls



La little girl es una niña encerrada en un cuerpo de mujer, su apariencia es tan tierna que las sonrisas de orgullo y amor son inevitables al sentirse dueño de algo tan pequeño e increíble. Su paciencia está condicionada por las chuches que aun quedan en su bolsita de plástico, y cuando acabe con ellas sin duda volverá pidiendo más con su dulce e inocente voz, jugando a incordiar a Daddy, montándose en sus rodillas causando revuelo. Y tú intentarás hacerte el duro, pero ¿quién eres para negarle sus caprichos siendo su amado Daddy?

Así es... porque Tú eres quien la cuida...quien la consiente... quien la protege... quien la castiga... quién hace que esa dulce e inocente pequeña sea mujer y niña a la vez... porque sin duda es uno de los vínculos con la forma más satisfactoria que se puedan crear :)

jueves, 7 de noviembre de 2013

La sesión 1ª Parte.


Aquel viernes las clases se hacían interminables, el segundero del gran reloj del aula 3.2 parecía querer caminar hacia atrás y transportarme a un interminable y soporífero infierno donde no había escapatoria alguna. El motivo de mi excitación no fue otro que tu llamada de aquella tarde entre clase y clase, tu voz me puso sobre aviso enseguida, esa voz con ese meloso y aparentemente inofensivo tono de Cabrón -¿Disfrutando del descanso? Que poco te va a durar esa tranquilidad pequeña... Cuando vengas a mi quiero que estés bien mojada ya... Haz lo que debas, pero quiero meter tu mano bajo tu tanguita y notar que suspiras de placer - ante aquella orden mi sexo ya empezó a palpitar, la llamada se cortó dejándome con cara de circunstancias mientras notaba como el calor me invadía ante la incertidumbre de lo que Él había preparado para mi. Durante el resto de la última clase de ese día por mi mente desfilaron toda clases de perversiones, tan dolorosas como deliciosas que hicieron que me tapara los labios discretamente mientras cerraba las piernas para que nadie advirtiera nada mi gemido de placer. 

Cuando salí respiré hondo y me calmé apoyada en la barandilla de los puentes colgantes que separaban un ala de la universidad de otra. Me encendí un cigarro y fumé hasta que reuní valor para andar camino hacia mi deseada perdición.


Mientras tanto en la casa, Él se afanaba en crear el escenario perfecto para sus más oscuras y morbosas fantasías. Cogió el teléfono y sentado en el sofá prendió un cigarro y marcó el numero para llamarla -¿Como va mi pequeña perrita? ¿Nerviosa? Jajajaja estoy seguro de que si... no te preocupes... no te dolerá mucho - al otro lado de la línea sentada en el autobus, me mordí el labio y me entraron ganas de reírme de sus gracias, pero aunque lo hiciera me tenía cogida como quería, jugaba con mi odio hacia las sorpresas anunciadas sin desvelar su contenido. Colgué el teléfono frustrada y al momento me arrepentí y volví a llamar, no me lo cogió, supe que me había ganado un castigo y se me encogió un poco el corazón, pero lo afrontaría con la barbilla alta y mirada desafiante ¡Eso se lo podía asegurar! Al menos hasta que agachara mi mirada y me sometiera, lo cual pasaría en menos de lo que me gusta admitir.


Cuando llamé a su puerta me dijo que me diera la vuelta, sentí como abría y enseguida vendó mis ojos, me tomó de la cintura y tiró de mi para cerrar usando el peso de su cuerpo contra el mío, mientras me besaba fiero y apasionado, notando como sus manos apretaban mis pechos y bajaban por mi cintura buscando mi sexo hinchado y humedecido por el deseo que podía causar en un segundo, como si fuera una fuerza imparable de la naturaleza. Mi respiración y mi habla volvieron de sus vacaciones tras la sorpresa y con un elevado gemido le demostré lo terriblemente cachonda que estaba -Buena chica... estas preparada y deseosa de lo que sea que te espere -susurró a mi oído mientras lo mordisqueaba haciéndome estremecer por las deliciosas cosquillas de su aliento -Si Amo... -dije en un hilillo de voz como hipnotizada, mientras afuera llamaba a la puerta mi voluntad que ante semejante arrebato se había quedado fuera de casa olvidada.

Me dejé guiar embriagada por el placer y el cosquilleo del deseo que todo aquello provocaba en mi, estaba desorientada, no sabía si me encontraba en su salón o en su habitación, ¡y eso que eran direcciones distintas! Noté como me desnudaba acariciando mi cuerpo con sus manos haciendo que el frío de la ausencia de ropa erizara mis pezones, su calidez me reconfortó en cuanto me abrazó, note su miembro desnudo, duro contra mi sexo, alojada entre mis labios rozando el clítoris y haciendo que me pusiera de puntillas para intentar metérmela entera sin éxito pues se retiró haciendo que me sentara en una silla -Quietecita... -dijo mientras me tomaba del cuello repasando mis labios con uno de sus dedos, yo a toda respuesta lo lamí y me quedé quieta. Pude sentir su sonrisa, aunque no la viera ni la oyera ¡Estoy segura!

Las reglas fueron dictadas de sus labios y a medida que salían de aquel rincón de placer para llegar a mis oídos las iba cumpliendo involuntariamente sin necesidad de pensar, como si fuera una extensión de Él y sus deseos; La espalda contra el respaldo para que luego no digas que te duele, las piernas separadas apoyadas sobre la base de la silla, y las manos aferradas a los reposabrazos. El ambiente se llenó de música, aquel tango que  tantas veces me cantabas al oído haciéndome derretir de placer con la parte en inglés. Noté la mordedura de las cuerdas contra la piel de mis tobillos y muñecas, inmovilizándome contra la silla, lo cual hacía absurdo que me diera ordenes si luego me ataba haciéndolas innecesarias, pero estaba especialmente Cabrón, se divertía haciéndome encoger de deseo y de expectación con aquella voz tan peligrosa y luego me descolocaba, estaba seguro de que se sentía como un niño el día de navidad.



En aquella posición, inmovilizada, ciega, y con la música llenando mis oídos impidiéndome escucharle estaba indefensa, expuesta húmeda y palpitando, completamente vendida para lo que deseara hacerme, ya no sabía si me excitaba o me causaba tensión, mi cuerpo estaba a flor de piel. Y Él bien parecía saberlo, el primer contacto de sus dedos con la piel de mis hombros y mi cuello hizo que me estremeciera con una descarga eléctrica haciendo que gimiera en voz alta. Su mano llegó por distintos ángulos y en momentos diferentes sin que el espacio entre estos fuera algo arbitrario o meditado, se paseaba por la sala admirando mi atada figura con los labios entreabiertos respirando superficialmente temblorosa de deseo como una hoja, hermosísima a sus ojos.  Se apoyó en las manos de ella y se inclinó para besarme y privarme de aquella deseada boca en un segundo mientras un quejido se hacía notar para mayor diversión de Él. Comenzó a castigar mis pezones tirando de ellos, mordisqueándolos, lamiéndolos, sus dedos recorrían su sexo y lo penetraban y ante el menor indicio de movimiento de cerrar las piernas o cambiar de posición me dio una bofetada de aviso que venía con todas sus amigas dispuestas a unirse a la fiesta si lo hacía necesario, lo escuché fumar a mi lado, podía oler el humo y sus labios aspirando por la boquilla del cigarro muy cerca de mi oído, pero el colmo de las sensaciones llegó cuando noté como sobre mi pecho y mi sexo se derramó una sensación caliente que duró un segundo para cristalizarse sobre mi piel dejando su recuerdo, ¡Estaba derramando cera sobre mi!

-¿Sabes cuanto tiempo ha pasado? -negué en silencio después de un rato, temblando visiblemente incapaz de articular palabra. Noté como me desataba y acariciaba la piel de mis manos y tobillos, me cogió del pelo y tiró ligeramente de el mientras con la otra mano apoyó algo en mi boca, agradecí que me diera agua pues estaba terriblemente sedienta, debí haber pasado demasiado rato respirando a través de mi boca pues notaba mis labios secos -Han pasado 20 minutos nada más, y aun te queda mucho por sentir -dijo riéndose sin darme tiempo a expresar sorpresa pues me cogió del pelo y tiró de mi para tumbarme en la cama con un empujón controlado, dispuesto a seguir jugando conmigo como se le antojara por el tiempo que se le antojara pues yo solo era una muñeca en sus manos.

La sesion 2ª Parte.

La lluvia de azotes no se hizo esperar, te ordené que los contaras, espaciando el tiempo entre cada uno, jugando a acariciar tu piel con la fusta y mi mano para desconcertarte si es que tu ceguera temporal no lo provocaba ya bastante. Con la mejilla contra el colchón gemías y contabas desconsolada con aquella mezcla de excitación y dolor que solo yo te daba, mientras me alimentaba de aquellos susurros que llevaban la cuenta mezclados con quejidos ante mis fuertes azotes. Cuando no me parecía escuchar bien el número adecuado te cogía del pelo y alzaba tu rostro para preguntarte con dureza -¿Cuantos has dicho perrita? ¿Has perdido la cuenta y quieres que empiece de nuevo? - mi sonrisa de Cabrón se ensanchaba en mi rostro al verte completamente dominada, rogando que no empezara de nuevo, pero tampoco que parara, veía y sentía como necesitabas mi tacto contra tu culito, mis manos acariciándote y mis gestos de Dominante desatado y sin piedad. 


Cuando me pareció adecuado paré y metí mis dedos en tu boca, sintiendo como los lamías mientras con la otra mano comenzaba a follarme tu coñito con dos de mis dedos, moviéndome en tu interior a mi voluntad provocando tus gemidos ahogados por mis caricias sobre tu húmeda, suave y deliciosa lengua. entonces llevé mi mano a tu culito y comencé a penetrarlo con mis dedos comenzando a estimularte sin piedad por ambos lados, tu humedad era palpable por mis sentidos, podía verla a simple vista brillante e impregnada en tu piel, me arrodillé a beberla para saborearla entre mis labios, y me inunde de su perfume embriagador que tanto me excitaba. Estabas completamente abrumada por mis actos, tus sentidos colapsados por la mezcla de dolor y placer que descompasaban tu respiración. Sobre tu mejilla rogabas más, necesitabas sentir más fuerte, más intenso, nunca era suficiente, me entregabas tu cuerpo y tu mente sin saber que ya eran míos. 

En un momento dado cogí tu mano y la llevé a tu humedo coñito -¿Ves como estas? ¿Que es lo que provoca eso perrita? - dije conociendo ya la respuesta pero deseando regocijarme de oírla de tus labios, como si me entregaras otro trocito más de tu alma de la que hacía tiempo que ya era dueño en posesión de sus escrituras. -Usted Amo... Usted... déme más... haga conmigo lo que desee... ¡necesito sentirle! - Ante aquellas palabras paré y odiaste que lo hiciera, tu cuerpo temblaba, el contacto de mis manos sobre el era un recuerdo que rezaba sobre tu piel como si aun lo sintieras, pero no estaba ahí y esa añoranza se convertía en una necesidad urgente e implacable 



-Muy bien... voy a darte tu premio... De momento toma esto y no dejes que salga de ti bajo ningún concepto, y tienes prohibido correrte sin que yo te lo ordene... - dije mientras introduje en tu coñito un vibrador que enseguida comenzó a estimularte haciendo que tus gemidos arrancaran de nuevo llenando el ambiente cargado del delicioso aroma del sexo. Tras unos minutos en los que no supiste que ocurría, sola con el ruido de aquel juguete volviéndote loca y tus propios gemidos acompañándote notaste un cambio bastante drástico, sentiste una presión en tu culito, agarrándote de las caderas presioné la puntita de mi polla para muy lentamente dejando que el placer de tu sexo y mis caricias hicieran el trabajo de acostumbrarte a mi, cedieras a mi cálida dureza notando como poco a poco te iba llenando, disparando tus gemidos que se retorcían desesperados por aquel placer que te partía en dos con pequeñas punzadas de dolor. 

No obstante, de algún modo era capaz de cumplir lo que te prometía, te hacía mía por completo y no sentías ese dolor que tanto temías, solo placer un placer enorme llenándote haciéndote gemir descontrolada rogando más, notando como tu coñito se contraía contra el juguete que no cesabas de mover penetrándote deseando que pudiera desdoblarme y follarte de todas las formas posibles, llenando tu boca también para no perder ni una posibilidad de sentirte mía, completamente indefensa, casi forzada. Tus gemidos eran desesperados, tu necesidad de correrte tan intensa que aferrabas las sabanas incapaz de articular palabra, y yo mientras te azotaba y te follaba impunemente notando como tu cuerpo se tensaba para contener aquel gozo que pugnaba por convertirse en una explosión de placer prohibida. No lo sabías, pero disfrutabas el limite, disfrutabas intensamente jugar con la frontera gris entre la orden y el deseo prohibido para disfrutar cualquiera de los dos resultados sin importarte las consecuencias de desobedecer, no obstante tu voz llegó en el punto álgido -A...Amoooo... porfavooor... dejeme correrme... ¡se lo suplico!



-Jajajaja ¿ya no aguantas más? ¿No deseas que siga? ¿Acaso quieres que pare? -Dije extendiendo aquella tortura con preguntas innecesarias cuyas respuestas eran más que evidentes -No...no aguanto más... siento que voy a estallar... No quiero que pare... ¡quiero que siga, pero no podré evitar correrme! Permítamelo y haga conmigo lo que quiera después... Sígame follando, soy suya... su perrita... lo que Usted desee... - Aquellas palabras eran demasiado, eran el fruto de mi ser dominante que había florecido en tu interior haciéndote mía por completo -Córrete... conmigo... Ahora... ¡vamos! Pero no olvides decirlo... quiero saborear y recordar ese momento justo cada vez que te folle, di que te corres -Dije aumentando las embestidas notando como el orgasmo como un caballo desbocado estallaba en tu interior derramándose, llenándote con mi calidez abundantemente, sintiendo cada impulso contra tu ser mientras estallabas temblorosa en un orgasmo lento, retorcido e intenso que te dejaba a mi merced, en mis brazos. 

Lentamente caímos sobre la cama, me deslicé de tu interior mientras mis dedos se aferraban a los tuyos, quedando mi cuerpo sobre ti en un abrazo que demostraba nuestros roles en ese momento, cubierto de la ternura y el amor de mis besos sobre tu pelo y tu cuello mientras nuestras respiraciones se acompasaban la una con la otra en perfecta sincronía. -Te amo pequeña... Nunca dejes de ser mía...