Tu dulce voluntad, ay tu dulce voluntad que don más preciado, que anhelo más deseado, dias y noches soñadas, con mis manos enredadas en tu pelo y la firmeza en la mirada se desprende desde tus parpados entornados hacia la punta de tus dedos. Y como los hilos de plata no se desbaratan, y tu cuerpo fluye, movimientos lentos, recogida y hermosa, descender hasta mis pies tu entrega sellada con un beso de tus labios rozando mi suave piel.
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