Imágenes al azar.
domingo, 27 de octubre de 2013
Una noche llena de sorpresas.
Llevamos juntos el suficiente tiempo como para saber que somos celosos a la hora de que otros nos miren siquiera con algún mínimo interés. Aun recuerdo cuando empezaba a conocerte y aun cuando no eras Mía ni yo Tuyo, sabía a ciencia cierta quien te lanzaba una indirecta mal disimulaba con intenciones de llamar tu atención. Lo reconozco, me entraban ganas de cogerte y besarte delante de todo el mundo, de ponerme delante tuya como si fuera un escudo humano y decir… dispara otra vez… dispara si tienes lo que hay que tener. Y no es que yo desconfiara de tu fidelidad, sabía que tu preciosa mirada estaba puesta en mi cargada de sentimientos únicos, al igual que mis ojos solo brillaban de aquella forma cuando acariciaba tu preciosa cara aniñada con los míos.
Curiosamente el tiempo y la estabilidad, el deseo de más, y esa eterna curiosidad ardiendo en nuestros corazones nos ha llevado a plantarnos frente a las puertas de un limite tan morboso como peligroso si uno no domina las emociones y los instintos.
Era una pareja muy agradable, nos trataban de forma educada y demostraban una inteligencia y una gracia que rápidamente hizo de ellos nuestros amigos. Las conversaciones se fueron sucediendo, tu con ella, yo con el, viceversa y todos mezclados. Con la confianza, el sexo no tardó en aparecer, sus limites, nuestros limites, sus fantasías, las nuestras… Cada vez que conversábamos se nos quedaba una cara de admiración y de envidia bastante cómica. Como fuera… al final acabaron liándonos… Nos convencieron para salir una noche de fiesta con la condición de que en aquella ocasión ellos elegirían el lugar.
Acabamos en ese lugar que ambos siempre habíamos querido visitar, como si fuera el templo prohibido de uno de los misterios más seductores y vedados a unas pocas mentes y cuerpos privilegiados. El club rebosaba ambiente, nos fortificamos con nuestras bebidas de costumbre en un rincón privado e intimo, incapaces de dejar de mirarlo todo llamando la atención. Por doquier las parejas bebían, charlaban, bailaban de forma bastante provocativa y compartían momentos poco discretos de intimidad que no hacían sino subir la temperatura.
Nos miraban con una sonrisa, nos veían como dos niños en el día de navidad, ella sentada frente a mi y tu frente a el. El decidió alzar la copa y brindar para romper aquel silencio y ella con su suave y elegante voz comenzó a sacar tema de conversación. Las puyitas no tardaron en volar, primero en su dirección cuando el te dijo lo preciosa que estabas, y no le faltaba razón, escogías aquellos escotes para torturarme y al mismo tiempo hacerme sentir orgulloso de aquellos gloriosos pechos que insinuabas solo para mis manos y mis labios. Sus ojos lo notaron. Reaccionaste con una sonrisa y a la vez con ese rubor tan tuyo de cuando te lanzan un piropo.
Nos miraban con una sonrisa, nos veían como dos niños en el día de navidad, ella sentada frente a mi y tu frente a el. El decidió alzar la copa y brindar para romper aquel silencio y ella con su suave y elegante voz comenzó a sacar tema de conversación. Las puyitas no tardaron en volar, primero en su dirección cuando el te dijo lo preciosa que estabas, y no le faltaba razón, escogías aquellos escotes para torturarme y al mismo tiempo hacerme sentir orgulloso de aquellos gloriosos pechos que insinuabas solo para mis manos y mis labios. Sus ojos lo notaron. Reaccionaste con una sonrisa y a la vez con ese rubor tan tuyo de cuando te lanzan un piropo.
Yo la ataqué a ella y fui un poco más allá espoleado por su elección de ropa, así que medio en serio medio en broma le dije que lucía unas piernas de infarto y que sostenían un cuerpazo de escándalo y con muy buen gusto para lucir aquellas prendas. Ella te miró a ti primero como juzgando tu reacción ante mi atrevimiento para saber si continuar con aquel divertido juego de seducciones, le sonreíste y ella te guiñó un ojo, tengo que reconocer que cuando os ponéis de acuerdo no pasa nada bueno… Separó las piernas ayudado por su Amo y ante nuestros ojos nos desveló su coñito depilado y perféctamente expuesto. Estuve a punto de derramar la cerveza, vaya si os reísteis…
Tras un rato de charla más tranquila ella fue al baño contigo, momento en el que el y yo cambiamos miradas y palabras prendidas de significado. No se muy bien que ocurrió en el baño, el caso es que cuando llegasteis cada una cogisteis al otro y tirasteis de nosotros hacia la pista de baile. Lo siguiente que sucedió roza lo obsceno con mucha elegancia. No dejasteis en ningún momento de pegaros a nuestros cuerpos que poco a poco fueron incendiándose con el roce de aquellas piernas, nuestros miembros mal disimulados eran apretados contra vuestra piel e incluso contra vuestras manos. Eso y las palabras susurradas al oído provocando escalofríos en ambas parejas hizo que todas las manos se tomaran libertades y contraatacaran.
Salimos del local entre risas y sofoco, nos montamos en su coche, de hecho… me montasteis en la parte de atrás y mientras el arrancaba y salía en dirección aun no se a que parte, empezasteis a besar y morder mi cuello, mientras vuestras manos acariciaban mi polla liberándola de su prisión. El ajustó el retrovisor para no perder detalle en cada momento que podía desviar su atención, y allí mismo ante sus ojos y los míos incrédulos, devorasteis lentamente mi polla compartiéndola como si fuera un tesoro, arrancando de mis labios gemidos y la palabra joder con suma facilidad.
El camino fue tan corto que no llegué a correrme, ahora estaba cien mil veces más excitado que antes, cuando salí del coche os propiné una palmada tan fuerte a las dos en sendas nalgas que notasteis la piel vibrar con el calor de mi mano bien marcada en vuestra piel. El se río y me pasó la mano por el hombro… “Tendrás tu justa venganza… no te preocupes que te ayudaré a defender nuestro sexo” Me reí, siempre había lugar para una frase ocurrente y la camaradería con el, y lugar para la ternura, la comprensión y la picardía con ella. Estábamos en su chalet. Entramos y encendieron las luces, os fuisteis desnudando ambas mientras nos marcabais el camino hacia una enorme cama donde os tumbasteis la una al lado de la otra para mostrarnos lo excitadas que estabais. Podía ver como vuestros coñitos brillaban húmedos de aquel morbo. El y yo nos miramos en mudo asentimiento y cambiándonos de sitio, rápidamente luchamos para abrir vuestras piernas sin mucha resistencia, y lentamente con el lento fluir de nuestras lenguas y nuestros torturadores dedos fuimos arrancándoos gemidos de placer, preparándoos para lo que estaba por venir.
Cuando creímos vengado mi honor levantamos nuestro rostro y fundimos nuestras lenguas con las vuestras para daros a probar vuestro dulce sabor con morbo y calidez. Luego, esta vez sin miramientos, os pusimos a cuatro patas, la una frente a la otra, de manera que podíais ver la escena del otro ante vuestros ojos, y la vuestra propia por aquellos impresionantes espejos que habían en las paredes de la habitación. Mirarais donde mirarais os sentíais acorraladas, sujetas del pelo con fuerza, azotadas sin piedad mezclando dolor y placer por la intensidad de la follada que recibíais en vuestro interior.
Caísteis de lado respirando con dificultad, deseando más, rogando sin palabras que os permitiéramos correros, os mirabais entre risas que se vieron rápidamente interrumpida mientras os aferrábamos y de rodillas os penetrábamos duramente, ya no sabíais donde agarraros y para tu sorpresa, ella se agarró a tu rostro y apoyando su frente en la tuya te besó una larga vez para gemir luego enterrando su cara en tus cabellos, podías escuchar perfectamente el placer que lo que siempre había sido Tuyo ahora le daba a tu amiga “Dios” “Me está matando” “Que Cabrón… Fóllame más ahhhh” La atmósfera no podía resultar más erótica entre la virilidad masculina en plena acción, vuestras preciosas curvas con encajes y ligueros y vuestros gemidos entremezclados. Podía sentir como iba a llegar el orgasmo, los movimientos eran más rápidos y los gemidos más alzados, ella comenzó a torturarme a buscar exprimir aquella dulce leche que tanto deseaba sentir derramándose en su interior, y su coñito se aferró a mi polla, húmedo, fuerte, vicioso, provocando mi orgasmo en una explosión de placer y gemidos mientras caía sobre ella y el increíblemente al mismo tiempo me imitaba abrazándose a ti y besándote repetidas veces a modo de agradecimiento.
No se cuanto tiempo permanecimos en silencio, las caricias se entremezclaban, al igual que los besos, ya no me importaba si era ella o era el, solo deseaba que aquella noche no acabara, y no acabó… Teníamos el resto del fin de semana para disfrutarles pues nos habían invitado a quedarnos todo lo que quisiéramos, aun tenía que probarle a el… aun tenía que ver como ella te dominaba… o como tu la dominabas a ella… ¡Dioses… quería ver, sentir y vivir tantas cosas que creo que un fin de semana no sería suficiente! Pero no es una cuestión de tiempo… Es que contigo… Nunca tengo suficiente.sábado, 26 de octubre de 2013
Mil maneras de servirte.
Mi esencia de sumisión a ti está marcada por mi deseo de servirte. Puede que mi cuerpo no sea el más duro ante tus sádicas diversiones, aun así intento complacerte hasta en la más pequeña de tus necesidades, en cada uno de tus vicios y perversiones, en tus imposibles más deseados, en tu quehacer cotidiano.
Es en este último aspecto donde más valor encuentro a mi entrega, donde más esmero y dedicación me nace, donde más feliz me siento de ver la satisfacción en tu rostro. Cada cierto tiempo lo reviso, lo replanteo y lo pruebo.
Haciendo memoria, recuerdo mis favoritas, tus esenciales:
Cuando llegas del trabajo y el cansancio y los dolores de un día que parecía ser interminable te aquejan. Te desnudo con delicadeza, besando y acariciando tu cuerpo. Haciendo que se relaje y te llevo con cariño hasta el baño, donde te espera todo hecho, tu ropa de andar por casa, las velas, la música, el perfume del incienso. Quieras mi compañía o no a tu lado, sé que cuando salgas del baño tendrás una sonrisa de satisfacción por haber eliminado casi por completo tu estrés.
Hay que ser más listos que el hambre, anticiparse a los deseos de la persona por la cual te desvives, sin que se dé cuenta. A veces requiere sutileza, por eso en una de tantas veces anoté mentalmente tu comida favorita, y esa noche pudiste saborearlo sin un solo esfuerzo.
Cada vez que sé que buscas un cigarro, soy quien lo coge primero y lo enciende y lo deposita en tus labios, incluso antes de tomar uno para mí.
Durante la sobremesa una vez estamos acomodados y amodorrado, me aparto de tu lado con cierta desgana y besándote voy a la cocina. En una bandeja dispongo una copa con tu bebida favorita, colocándola en tu regazo para acomodarme yo y luego verte disfrutar.
Y finalmente, terminas en mis brazos, el sueño ha vencido y yo te sigo protegiendo y sirviendo entre ellos, acariciando tu piel, tu pelo… Disfrutando de verte dormir sin ninguna preocupación ni signo de agobio, solo la más pura y sencilla felicidad fruto de mis cuidados hasta en el más pequeño de los detalles.
¿Por qué tanto esfuerzo? Sencillamente porque nace de mi complacerte, porque te adoro.
Historias Prohibidas #002
El Domingo transcurría apático como de costumbre hasta que recibí su llamada -Nos vamos al parque, estoy allí en 20 min, no lleves bragas.
Ahí estaba El para sacarme de mi monotonía, para hacerme sentir, nerviosa, ilusionada, excitada. Me apresuré a cumplir sus órdenes veloz.
Con su vestido azul escotado logró salirse con la suya, me entraron ganas de arrancárselo y violarla en el rellano sin entrar en casa.
Apreté mis manos contra sus muslos mientras la besaba, comprobando su obediencia en su sexo húmedo y desnudo.
Deslicé en su interior aquel juguetito, enseñando el mando con una sonrisa perversa que hizo que su labio inferior temblara de deseo.
Cogimos el bus, ella con la mirada agachada, avergonzada, excitada y rodeada de gente, el cómo si fuera navidad mientras la hacía vibrar.
Sentía mi clítoris pulsar mientras juntaba las piernas a un susurro contundente de el mordiéndome los labios con escaso disimulo.
Aquel cosquilleo cesó quedando un eco cada vez más débil. Llevada por su firme mano confusa, me di cuenta que ya habíamos llegado.
Mareada y extasiada, con las mejillas enrojecidas y temblorosa tomé tierra junto a su cuerpo sobre una manta, deseando que me utilizará.
Al cuestionable refugio de la vegetación del parque, guió su mano a mi pelo para bajar mi boca hacia su regazo. No hacían falta palabras.
Me lancé a devorar su deliciosa polla alzando mi mirada sumisa, atrevida, sintiendo los estragos en sus ojos de mi lengua rodeando su glande
Ante su implacable esfuerzo por hacerle estallar de placer tiró de su melena y le dio una "caricia" en forma de bofetada. Se había excedido.
Sujeta de las muñecas, empapada de vicio y morbo sus piernas y su sexo se abrieron desobedientes a su control, al servicio del Amo.
En vano intentó demostrarle esa rebeldía inútil que el devoraba con su titánica fuerza doblegándola y haciéndola entregarse a su lujuria.
Sus sentidos enturbiados por el deseo no les dejaron ver a su alrededor a los pobres mortales que soñaban lo que Él tenía.
El éxtasis iba in crescendo, inmovilizada contra su Amo se entregó a un orgasmo duro y ansioso gimiendo su orgasmo a su oído.
Y al mismo tiempo Él se corrió apretando su cuerpo contra ella para recompensar su obediencia con su cálida esencia.
Las pobres almas en pena se fueron retirando y solos cubiertos por la manta reposaron sumidos en la más absoluta de las satisfacciones.
viernes, 25 de octubre de 2013
Pactar con el Diablo.
Te encontrabas perdida en un mundo de taimadas traiciones, de desconfianzas, de miedos e incertidumbres, de sueños que no se cumplían, deseos rotos olvidados en un cajón sin llave. Deambulando de un lado a otro por tierras baldías, tan insatisfecha como endurecida por amargas experiencias, aquel largo viaje tiñó tu esencia de dolor y perdida, tu carácter se hizo difícil, te hiciste más esquiva e inalcanzable, pero también te sentiste más sola.
A través del tiempo y el espacio, en la curvatura de las galaxias, entre nebulosas y cinturones de estrellas titilando, hay una pequeña ventana sesgada en el tejido de la realidad.
La mirada de unos ojos insondables siguieron cada paso, cada batalla librada, cada llanto amargo, vigilante, sabiendo que algún día aquella pequeña alma sería suya, a la que dotaría de voluntad para satisfacer sus caprichos y sus necesidades más profundas, alma que le rescataría de aquel insondable abismo en la nada más absoluta para reinar de nuevo.
Mi inocencia y mi bondad, las sonrisas de niña pequeña feliz y buena,
la malicia y el vicio escondidos tras tus labios, el fuego en cada beso,
ángel caído a mis pies, perdida para ser guiada por mi firme mano a tu dulce condena.
Mi fruto del Eden, mi pequeño pecado vestido de azul,
tu inocencia y tu levedad desnudas a mis ojos, en sinuosos movimientos
mis manos se pierden en cada curva, en cada pliegue de tu piel,
Mis lapsos de tiempo mejor invertido, alrededor las caras de una multitud que se desdibujan,
los sonidos que no oigo, el hambre que se olvida,
el deseo de morderte, de marcarte, de hacerte Mía,
Mía, juguete en unas manos que te moldean, en cada azote,
tu piel erizada, tus pezones imantados a mis labios y mis dientes, mis dedos
que entre tus piernas se pierden, y tu sexo siempre húmedo,
Tu mayor anhelo, tu profundo deseo, tus perversiones jamás soñadas, firma con tu sangre y seré Tuyo,
Tu Dueño.
Aquellas letras rezaban escritas con tinta roja brillante sobre un pergamino que parecía tener incontables eras y que había sido traído por el viento hasta sus pies. La muchacha lo sostuvo y lo leyó, resguardada de las inclemencias de aquella tormenta que se aproximaba implacable hacia su pequeña cabaña perdida en mitad del bosque.
Las palabras de aquel ser que no era, confinado en una prisión más allá de los límites de la realidad que pudiera concebir un ser humano la inquietaron al principio. Eran promesas de algo que no terminaba de entender pero que la atraían peligrosamente y con una sinceridad y una verdad que jamás había visto en nadie.
Y finalmente se decidió a cerrar aquel pacto. Su sangre se escurrió de la palma de su mano en un fino reguero que bajó lento por su muñeca mientras la apretaba cerrada para que manara. Las gotas se fueron agolpando en su muñeca oscilando cada vez más pesadas por la concentración y como si fuera a cámara lenta cayeron, cayeron firmando aquel poema mientras un trueno hizo retumbar los cristales y la tormenta se desataba sobre su techo convocando entre luces y relámpagos a su destino ya encarnado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















