Imágenes al azar.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Tu placer.



Tu placer es como una corriente de luz que desborda por cada poro de tu ser,
tu piel se eriza, tus ojos se dilatan, tu boca se entreabre y de ella emana música para mis oídos.

Tu placer es una marea salvaje y embravecida, contenida a duras penas por la presa de mi mano en tu boca. Se lee en tus ojos, se humedece en tu sexo, se agita en tu pecho.

Tu placer es negado, se acumula y se tensa en tus músculos, se contrae en tu vientre y palpita en tu sexo. Se demuda en ruegos mudos o apasionados deseando expandirse a los confines del universo.

Tu placer es tu verdugo, te desmaya, domina tus palabras, tus sentidos, tus acciones y tu cuerpo.
Juguete en sus manos dócil sirviente a las ordenes de tu verdadero Dueño.

Tu placer es la llave a un mundo de sensaciones indefinibles, de susurros y gemidos acallados,
de respiraciones apresuradas, de suplicas, de llantos, de risas, de morbo y de excesos.

Tu placer es perfecto.

Tu piel.


Tus manos a tu espalda, cruzadas, atadas por un lazo invisible,
entrelazadas por la entrega y el deseo de la espera, el deseo de mi tacto,
que te eriza y que tu boca entreabre en muda súplica de más y mejor,

El lienzo para el color que tanto adoras, 
brindado por bocados, azotes, pellizcos o el simple contacto de mis manos,
mi esencia parte de tu ser, el color que te ha dado nombre y te ha hecho mía,

Y ya no podemos negar ni tu ni yo, que nos ha superado, 
que hoy suspiramos por unir nuestros cuerpos,
y nuestras almas, juntas brillan más que el mismo sol,

Que los cielos sean testigos de nuestra entrega y nuestra pasión,
 las estrellas declaran el sincero latir de nuestro pecho cuando nuestras miradas se encuentran
y como la luna y el sol siempre juntos... tu... y yo.

martes, 29 de octubre de 2013

¡Qué noche la de aquel día!

Premiere 'The Cove Reunion at Studio Eris' from Mikel on Vimeo.

Deseo entrelazado.

Aquella noche mientras cenábamos llovía torrencialmente, tras un largo día de haber madrugado estábamos cansados y apenas si decíamos palabra. Así que me dediqué a mirarte mientras comías, sabiendo que aquello te hacía rabiar al oír y sentir mis labios esbozar sonrisas divertidas. 

-¿De que te ríes? ¿Déjame cenar no? Anda dime que vamos a hacer luego cuando lleguemos a casa - dijo ella dejando notar una mal disimulada y pícara insinuación. Sonreí y decidí seguirte el juego.

En aquel pequeño bar abarrotado de turistas y gente que discutía acaloradamente entre risas y voces alzadas, acerqué mi mano a la tuya y comencé a dibujar líneas invisibles mientras narraba muy cerca de tus labios, tan cerca y apoyado sobre tu frente que paraste de comer para saborear mis palabras.

-Cuando lleguemos... Iremos derechitos hacia el baño, nos quitaremos esta ropa húmeda y desagradable y nos meteremos bajo la ducha... Bien apretaditos, sintiéndonos, mientras mis manos desnudas enjabonan cada centímetro de tu cuerpo, mis labios besan tu cuello y mi boca lo muerde- dije con esa sonrisa de cabrón que se que humedece tus braguitas.


Poco después de aquella breve narración ya habíamos pagado y nos dirigíamos hacia casa. El clima otoñal apoyó mi sugerente historia y con un gemido te abrazaste a mi buscando mi calor tiritando y lamentando no haber cogido nada de abrigo.

-Tranquila, en unos minutos estaremos bajo la cálida lluvia de la ducha - dije pellizcando la suave piel de tu cintura mientras apuraba y tiraba el cigarrillo y sacaba las llaves de casa con un tintineo revelador.

Mientras te desnudabas y te preparabas aproveché para refrescarme ya que mi cuerpo reaccionaba excitándose, anticipándose a lo que iba a ocurrir entre aquellas paredes de cristal. Calentando el agua y sacando tu toalla, te llamé suavemente un par de veces deseoso de apretarte contra el frío azulejo y sentirte besándote y mordiéndote con avaricia. 

Cuando entraste me apoyé sobre la puerta de cristal y me quedé admirando como desnudabas tu cuerpo mordiéndome el labio. Necesitaba apretar aquellas caderas, acariciar tus piernas, perder mi boca y mis labios entre tu piel, erizando tus pezones y mordisqueándolos con suma suavidad, dejando que mis dedos tocaran tu clítoris con aquella levedad que te recorría como una corriente eléctrica haciéndote gemir en un quejido de placer irresistible.

Pero volviendo a la realidad tu entraste y prometí parte de mi promesa acariciando tu cuerpo enjabonándolo con la lentitud de un amante experto, buscando prolongar las caricias y las sensaciones en cada parte de tu cuerpo, aplicando presión o un suave roce, pellizcando, acompañándolo de mis labios o mis dientes, dejándote notar mi virilidad.


Terminaste apoyada contra los azulejos, mis manos se deslizaron recorriendo tus hombros y tus brazos hasta apretar la palma de tus manos contra la pared.

-Quietecita... Voy a jugar con tu cuerpo - susurré a tu oído sonriendo mientras apretaba uno de tus pechos y mordía el lóbulo de tu oreja.

En aquella situación sintiendo como el agua recorría tu cuerpo y tu pelo mojado caía sobre tu espalda volviéndote sensual e irresistible, comencé a acariciar mi excitación mordisqueando tu hombro y tu cuello, masturbándome contra la sedosa piel de tu delicioso culito mientras te apretaba contra mi.

Mis gemidos se derramaban junto al eco de la ducha llenando tus oídos, la excitación de usarte como lienzo de mi placer hizo que no tardara en correrme, sentí mi calidez derramarse sobre tu piel abrazándome a tu cuerpo entre gemidos de un placer tan intenso que me hizo desfallecer aferrándome a ti para sentirme sujeto a algo con tal de no perder la cordura.


Tomándote de las caderas volví tu cuerpo y te besé buscando el aire que le faltaba a mi cuerpo en el dulce y gustoso contacto de tu boca y la mía apretadas en una lucha deliciosa. Me sonreíste y llevando una mano a tu sexo me mostraste cuanto te gustaba ser mi juguete, no solo el agua te empapaba, la excitación hacía de tus rincones más íntimos un mar de deseo.

Lavé tu cuerpo nuevamente y tras terminar de ducharme te dejé allí sola para ir a la habitación. Y desnudo y aun húmedo me tumbé a esperarte sobre la cama, deseando devolverte aquel orgasmo perfecto arrancando uno tuyo hasta que reposaras satisfecha y feliz sobre mi pecho.

Llegaste a mi envuelta en tu toalla y tras unos instantes de secarte me perdí entre tus piernas, hambriento de tu húmedo placer, comencé a lamer tu sexo haciendo que cerraras los ojos y siguiendo tus caderas mis dedos completaron aquella dulce tortura. Tu sabor y tu aroma me inundaban, me hacían sentirme extasiado de tu deseo y me hacía ser más firme y más duro con tu sexo, implacable y devastador hasta que entre gemidos alzados y movimientos me anunciaste un largo y placentero orgasmo que murió contra mis labios y mis dedos dejándote plena en mis brazos, preparada para entregarte a un sueño reparador bajo mi atenta mirada y caricias.

lunes, 28 de octubre de 2013

Historias Prohibidas #003.

La mujer había sellado inocentemente aquel pacto con sangre y el pergamino se convirtió en cenizas. Había perdido su voluntad y no lo sabía.

El acudió a su desesperada llamada, portando la tormenta a su alrededor mientras la lluvia calaba el cuerpo de la mujer marcando sus curvas.

Un rostro se dibujada en una densa cortina de agua se aproximó a ella. Aquella sonrisa y aquellos ojos parecían burlarse de ella.

Su pulso se aceleró y comenzó a respirar superficialmente. Cuando aquel ser se materializó frente a ella alargando su mano se desmayó.

Juraría que antes de perder el conocimiento aquel demonio la cogió en sus brazos. Se encontraba desnuda sobre la fría piedra de un altar.

El papel pintado de la realidad sugería un templo en ruinas en un bosque, pero tras los bordes ajados y levantaos se veía el infierno.

El diablo comenzó a tocar su cuerpo. Sus manos ardientes encendieron su piel y mojaron su sexo en cuestión de segundos. Le miró desafiante.

Este rió y tomó su mejilla con desdén y una sonrisa divertida -Mis víctimas no suelen tener tu carácter, estoy seguro de que me divertirás.

7 habitaciones bastaban para derrumbar sus voluntades, y un millar de manos la transportaban de una a otra tocando y castigando su cuerpo.

En la primera habitación castigó su cuerpo a golpe de látigo atada en cruz, un guiño a su fe de juguete que ningún valor tenía allí.

Lagrimas y rabia en la 2da, privada de su vista de su habla fue follada por el diablo con su cola y miembro mientras suplicaba en silencio.

En la tercera ya era una muñeca obediente, el le había susurrado que sería su esclava, suya lo que el deseara. Allí nunca faltaba trabajo.

Habitación tras habitación su voluntad se quebró, su cuerpo se transformó, su humanidad se perdió. Ahora era la zorra de su poderoso Amo.

Se había convertido en su sierva y algo de su esencia había penetrado en ella junto con su cálida leche inundándola, ya no era humana.

Ella le miró con gratitud y adoración y lamió su enorme polla mientras este acariciaba su mejilla sonriendo satisfecho -Eres mi mejor obra.

777 es la marca de este demonio, su deseo era que hasta el infinito aquella mujer fuera su reina, la princesa de las succubus.

La esencia de incontables hombres y mujeres sería absorbida por aquellos labios que ahora ya no destilaban inocencia, solo lujuria.

Y su Amo y Señor más poderoso dejaría su reino subterráneo algún día para derrocar el patético gobierno de los cielos.

Angeles caerían seducidos a sus pies postrados, sin voluntad para vivir, de todas ellas la mejor, aquella humana.