Imágenes al azar.

lunes, 11 de mayo de 2015

Atesorando tu perfume de puta


Me levanto de un sueño profundo, y tus ojos me miran con ese brillo de niña traviesa, tus manos me buscan y me acarician. Una sonrisa se dibuja en mi rostro en mudo entendimiento de la situación. La conozco, te conozco, se lo que estas pensando y lo que tu cuerpo expresa y busca... No tardo en ver como tus manos se pierden bajo el pantalón del pijama buscando tu sexo, acariciándolo en la penumbra levemente iluminada por la luz del mediodía filtrándose a través de la ventana.

Me estiro y me desperezo mientras una de mis manos recorre tu costado ascendiendo por tu cuerpo lentamente, acariciando tu piel, arañándola con mis uñas mientras siento como igual que tu deseo ha despertado en ti, mis ganas de jugar y divertirme usándote también van tomando fuerza. Tomo tu cara por las mejillas con una sola mano y beso tu boca con fuerza mordiendo el labio y tirando de el para retirarme con una sonrisa de lobo de las que hacen que tu coño se derrita como un azucarillo.

Me siento sobre la cama y te digo -Quítate las bragas... - a lo que obedeces en silencio bajándolas hasta tus muslos donde te doblas sentada sobre tus rodillas, mirándome con esa sonrisa en tus rostro, mordisqueando tus labios y acariciando uno de tus dedos con tu lengua con esa niña puta e inocente al mismo tiempo que tan cachondo me pone. -Quítatelas joder!-digo ansioso llevándome una mano a los ojos para bufar meneando la cabeza exasperado.

Tu terminas de quitártelas y arrodillada me miras esperando y yo te descoloco lanzándote la almohada contra el pecho -Quiero que te frotes con ella... -con una sonrisa me aparto de la cama y te veo asimilando aquella orden sabiendo que es uno de mis caprichos, uno de mis caprichos de Daddy vicioso que te encanta satisfacer... -Si Daddy... - dices en un susurro mientras separas las piernas y te colocas sobre la almohada para comenzar a mover tus caderas muy lentamente adelante y atrás cabalgando aquel trozo de tela sobre el que pondría mi rostro los 5 días siguientes de la semana hasta que volviera a tenerte a mis pies dispuesta para ser usada.

Con una sonrisa lobuna me pasé la lengua por los labios mientras empezaba a divertirme viéndote coger ritmo, disfrutando del roce de la tela contra tu sexo, abrazándola entre tus piernas, recolocando tu cuerpo para ejercer presión con tu pubis contra ella como si la desesperación por dejar tu esencia y tu aroma para el dueño de tus perversiones y tus deseos más oscuros.

A tu espalda mis manos tomaron posesión de uno de mis juguetes favoritos para azotar, ese flogger de cuero negro elegante, corto y manejable. Empezó a marcar el ritmo exigiendo más contra tu piel mientras tus gemidos se alzaban y el aire se inundaba de ese aroma a puta en celo que inevitablemente endurecía mi ser. No había nada como tomar el control de la otra persona y envenenarla de vicio para ver como este recorría su sistema y la transformaba... 

El flogger fue sustituido por mi mano acariciando tu culo deliciosamente marcado por las tiras de cuero, acaricié la zona enrojecida y dejé que mis dedos obraran a su antojo... no tardaron en perderse en las profundidades de tu coño empapado con el sonido audible del aire al entrar en el -Estas tan abierta que el aire recorre tu coñito de puta, pequeña -dije divertido mientras lo castigaba hundiendo mis dedos en ese punto de carne húmeda y rugosa que te hacía temblar y gemir desconsolada perdiendo el control de tus músculos, alzando tus gemidos, acallando tu parte racional y transformándote en un animal sediento de sexo. 

Saqué mis dedos a tiempo, conociendo bien tu cuerpo, sus ritmos, y los efectos de aquella retirada forzada que colocaron un puchero en tus labios y una mirada de reproche que resbaló por mi indiferencia como la saliva y otros fluidos por el latex. Me apoyé contra la mesa cruzándome de brazos y con un gemido de exasperación cerraste los ojos y volviste a apretar tu cuerpo contra la almohada para follártela como tu Dueño había ordenado. 

Con una sonrisa ante tu diligencia para obedecer mis ordenes me senté frente a ti en la cama y dejé que reposaras tu mejilla contra mi mano. Podía sentir las gotitas de sudor concentradas sobre tus rosadas mejillas, tu aliento cálido, tus gemidos derramándose contra mi piel y tu lengua húmeda lamer mi mano como una perra puta y agradecida por aquellas sensaciones. Mis manos cogieron tu pelo con firmeza y dirigieron tu boca a mis pies donde adoraste tu entrega a mi mientras sentías como el orgasmo llegaba a la velocidad de un orient express sin frenos; escandalosamente rápido y glorioso.

Las convulsiones se agitaban en cada músculo de tu ser, podía apreciarlas desde mi posición privilegiada, siempre por encima de ti. Tu culo se contraía y relajaba y tus caderas se movían desesperadas en un último esfuerzo por frotarte contra la tela mientras que estirabas los pequeños pies con sus pequeños deditos, aferrada a mi entre sollozos y quejidos de profundo placer, en uno de esos orgasmos que expresas como la niña pequeña que eres derritiéndome de ternura y de placer al mismo tiempo.

Con una sonrisa te acuné contra mi regazo y acaricié tu cabeza y tu rostro jugueteando a rozar tus labios con mis dedos mientras recuperabas de nuevo el ritmo y la normalidad -Buena chica... ¿Te ha gustado? -alcé tu cara para recibir una mirada dulce y húmeda de tu rostro sonrosado por la excitación y el esfuerzo -Si Daddy... Gracias Daddy... -dijiste con tu dulce voz haciendo que mi pecho se inundara de esa sensación cálida y orgullosa de saberme poseedor del mayor de los tesoros; tu inocencia, tu deseo, tu perversión... tu entrega.

Tomé la almohada y la saqué sin dejar de frotarla contra tu húmedo y sensible sexo provocándote los últimos y tortuosos espasmos de aquella sesión que había surgido improvisada como tantas otras cosas maravillosas contigo. Con una sonrisa la llevé a mi rostro y cerrando los ojos la olí para retirarme y decir -No voy a encontrar forma de no echarte de menos a mi lado esta semana zorrita... 

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